Ramón es un teckel. Un perro salchicha de esta familia que duerme adentro, muy adentro ( abajo de las sabanas) se sube al sillón y ocupa el lugar que ocupan los perros cuando forman parte de la casa.
Todo empezó buscándole una cama. No una cualquiera: una que aguantara el uso, que se pudiera lavar y que no desentonara con el resto de los muebles. En Argentina no la encontramos. Lo que había era importado de China, sin diseño y sin materiales que duraran, o directamente no existía.
Mirando afuera encontramos en Europa una forma distinta de pensar los objetos para perros: piezas de cuero, telas de verdad, herrajes que resisten años. Un lenguaje que a Sudamérica todavía no había llegado.
Así que decidimos hacerlo nosotros.
Diseñamos cada pieza acá y la producimos en La Cumbre, Córdoba, con materia prima de industria nacional. Trabajamos con talleres de la zona: tapiceros que arman las camas y las fundas, talabarteros que cortan y cosen el cuero de los arneses y las correas. Gente del pueblo, oficios que se aprenden con los años.
Por eso una correa Ramón Atelier no sale lo que sale una correa cualquiera. Está hecha a mano, con cuero genuino y herrajes que no se van a romper, por alguien que vive a diez cuadras.
Ramón sigue durmiendo en el sillón. Ahora sobre una cama que le hicimos nosotros.
Y no está solo. Noche y Chispas llegaron después, dos de cinco hermanas que alguien abandonó en la montaña. A los seis meses ya habían pasado por varios hogares de tránsito, siempre juntas. Separarlas a esa altura no tenía sentido, así que las adoptamos a las dos.
Las tres son las que prueban todo antes que nadie. Si una cama no aguanta a Noche, no la vendemos.
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